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Nostradamus el cínico

Nostradamus

Nostradamus

- Getty Images

Por Húber Matos Araluce

En el siglo XVI floreció la transición, iniciada a finales de la Edad Media, que conocemos con el nombre de Renacimiento. En esta nueva etapa, en la que el individuo se convertiría en el eje de todo, un médico y astrólogo escribió profecías que han llegado hasta nuestros tiempos. Las predicciones de Nostradamus son todavía polémicas, en parte porque las traducciones parecen haber tenido la intención de validar sus conjeturas. A pesar de todo, aquel barbudo, envuelto en un halo de misterio, no pasó a la historia como un cínico.

La versión cubana de Nostradamus, sin duda, sí lo es; Fidel Castro desde 1960 pasó anunciando el futuro próspero, justo y feliz que esperaba al pueblo cubano. Veintiséis años después llegó a la conclusión de que el fracaso de sus predicciones se debía a que lo que se había hecho por un cuarto de siglo en Cuba no era el verdadero socialismo. Así, el sábado 26 de diciembre de 1986, armado de este descubrimiento, con absoluta certeza y sin ni un ápice de vergüenza lanzó otra revelación: “Ahora sí vamos a construir el socialismo".

La nueva revelación también resultó errada. Veinticuatro años después, el miércoles 17 de noviembre de 2010, en un encuentro con un grupo escogido de jóvenes, Castro admitió que: "Entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante fue creer que alguien sabía de socialismo o que alguien sabía cómo se construye". De esta forma, el individuo que manejó el país durante medio siglo como una finca de su propiedad, eludió de nuevo su responsabilidad por el segundo fracaso.

Pero su afán por las profecías no tiene límite. Ahora quiere que se le reconozca que en el 2006 dijo que la revolución podía destruirse “Si no conseguimos poner fin a muchos vicios: mucho robo, muchos desvíos y muchas fuentes de suministro de dinero de los nuevos ricos”. Quiere que le reconozcan méritos por su visión apocalíptica. En su afán de sabelotodo admite lo que está sucediendo. Lo cierto es que cuando advirtió sobre los peligros ya el sistema estaba carcomido hasta los huesos.

Hace unos meses también vaticinó con absoluta certeza – fecha incluida – el inicio de una guerra atómica entre Irán y los Estados Unidos, que acabaría con el mundo que conocemos. Cuando las explosiones nucleares y la contaminación radioactiva no se dieron y el planeta no se destruyó, alegó que la inexactitud de la fecha se debió a que un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores había dejado de mandarle una información que era importante.

Las profecías de Castro no se limitan a las descritas. En muchos temas él se considera un visionario, aunque en realidad ha demostrado que es un charlatán. Es un hombre de caprichos y de una soberbia imperial. Por eso insiste en los errores y al final alguien que no sea él tiene que ser el culpable. Eludió su responsabilidad al dirigir por 26 años un socialismo que admitió que fue un fraude, como farsa también ha sido también su segundo intento. Ahora apoya una´“actualización” del fracasado modelo.

¿Cínico o loco? De las dos cosas un poco.

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