Y poner un nombre ridículo y horrible fue la única libertad…

Leyendo Juventud Rebelde...

Periódicos oficiales como Juventud Rebelde absolutamente dedicados a ser la vocería de la añosa y perversa tiranía castrista, tocar el temade los nombres.

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CARACAS, Venezuela - Hoy me saldré un poco de mis temas habituales aunque sin separarme de una labor: Seguir con acucioso sentido sociopolítico las realidades que la nefasta tiranía castrista y esa “Nueva Izquierda” que ni es nueva ni es progresista crean y crearon en este continente nuestro.

Ya es noticia importante en los Medios de Comunicación, que en Cuba, y por supuesto en todo el Caribe con su contagio terrible de modos y realidades producto de más de medio siglo de tiranía vestida de Revolución, donde los extraños y muchas veces ridículos y risibles nombres que poblaciones a las que se les ha apartado de la religión cristiana –prohibido su práctica en el caso de Cuba- o reclutadas para ritos africanos, reclutamiento que no sólo lleva la práctica ritual, sino que contempla también el adoctrinamiento comunista, han adoptado y son ya parte de una verdadera cultura marginal, porque hoy se estudia en Universidades y Centros de Investigación social que en las últimas décadas en Cuba, nombres como Odlanier, Aledmys, Usnavi, Olnavi, Disami son de uso común y hasta pareciera que pueblos tan carenciados han conseguido una falsa manera de escoger libremente algo, aunque ese algo sea sólo un nombre ridiculísimo.

Pero resulta que esta moda, realmente con décadas de uso no parece ser ya tan inofensiva ni tan nueva y hasta periódicos oficiales como Juventud Rebelde absolutamente dedicados a ser la vocería de la añosa y perversa tiranía castrista, han comenzado a tocar el tema e inician publicaciones críticas o informaciones y coinciden en que inventar nombres propios en la isla esclava es una práctica común que persigue la originalidad para llamarse de una manera "única e irrepetible" aunque muchas veces el vocablo que surge es "impronunciable" y difícil de entender.

El propio medio controlado por la tiranía cubana ha comentado ya lo que considera una tendencia para escoger un nombre propio, y que esa tendencia incluye la adaptación de palabras de otros idiomas, la formación de híbridos con los nombres de los padres, la inversión de palabras o puras extravagancias que no tienen explicación. Los resultados los padecemos queridos oyentes, no en la Cuba aislada por los hermanos Castro sino en todo este Caribe penetrado e ideologizado, buscando el odio de clases y la marginalidad como terreno abonado para el arribo de cualquier demagogo comunista, Caribe al que delimita por el sur Venezuela, ahora por mandato del agónico déspota militar, una provincia castro-comunista.

Y el resultado de todo esto son nombres que nos obligan a veces a una carcajada, esos que aquí en los barrios caraqueños son tan usuales como el inaudito William Guillermo, Jefelson Ramón, o  Yurkelis y que nada realmente tienen que envidiar a las mezclas cubanas que nacen de dos nombres fusionados en uno como pueden ser –y lo extraigo del mencionado pasquín comunista- Robelkis de Roberto y Belkis, Migdisray de Migdalia y Raymundo, Geyne de Gerónimo y Nelly, Yaneymi de Yanet y Mijail o Mayren de Mayra y René. 

Lo mismo se da que estos irrespetuosos progenitores que poco les importa si están crucificando a un hijo con semejantes nombres, busquen rarezas recurriendo a la inversión de las letras de un nombre, resultando –y no se rían por favor-  adefesios como Ailed a partir de Delia; Adianez inversión de Zenaida y Orazal por Lázaro. Y qué decir de lo que hace esta gente con palabras extranjeras que por distintas razones les llegan… Hace bastante tiempo un amigo dominicano me contaba que uno de los nombres más comunes entre las poblaciones más pobres de República Dominicana era Usnavi, producto de una versión libre de "U.S. Navy"… Y la creatividad parece no tener límites, por eso pululan las víctimas que se dicen llamar Maivi por "maybe" u Olnavy por "Old Navy.

Me interesó lo declarado a Juventud Rebelde por Aurora Camacho, miembro del Instituto Cubano de Literatura y Lingüística  que dijo: "Existió un momento en el que no se podían poner nombres de procedencia extranjera; esa decisión del ámbito jurídico trascendió al lingüístico y aunque en Cuba se mantienen nombres de arraigo cultural y más sencillos como María o Pedro estos son cada día más infrecuentes” y agrega Aurora Camacho que se  ha olvidado la antigua costumbre de buscar nombres apoyándose en el santoral, imagino yo que esto sin dudas porque arrancaron también del pueblo cubano la fe católica y la fusionaron a rituales africanos.

Todo esto estoy segura que a ustedes les resultará tan interesante y pintoresco como a mi, y por supuesto patético porque ya se da el terrible conflicto que a seres a los que han condenado a llevar de por vida semejantes nombres viven cansados de tener que explicar de dónde los sacaron sus padres y también acomplejados por semejante estigma, claro que no es usual efectivamente este complejo o disgusto ya que son personas condenadas a una marginalidad que favorece a la tiranía y también a populistas y demagogos, pero se dan casos… 

Los nombres iniciados con  "Y" o ye han sido una constante durante varias generaciones en Cuba y la bloguera Yoani Sánchez hasta se ha hecho famosa resaltando lo que califica como la "Generación Y", nombre de su famoso Blog, pero la realidad mis estimados oyentes que nunca encontraremos ni en el más remoto pueblecito de Europa, con poblaciones pobres e iletradas gente que se llame  Yanisey, Yumilsis, Yumara, Yosbel, Yadel, Yulieski, Yovel, Yolaide, Yamisel, Yirmara, Yoelkis, Yuset, Yohendry, Yoanni, Yander, Yunier… Eso me atrevo a decir que es una característica de estos países nuestros, de ese Caribe estancado en el subdesarrollo y arrogantemente cuarto-mundista.