El crimen y el silencio: el asesinato de Oswaldo Payá

Oswaldo Paya

22 de julio. Oswaldo Paya, 60 años de edad. Activista cubano que denunció por años a los gobiernos de Fidel y Raúl Castro.  Asesinado por el régimen de los hermanos Castro.

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Por Cmdte. Húber Matos

MIAMI, Florida - El crimen y el silencio van de la mano.  El cubano que no sume su protesta ante las siniestras circunstancias que Rosa María Payá ha denunciado en España faltaría a la más elemental solidaridad humana.

Por primera vez Rosa María se ha reunido en Madrid con Ángel Carromero, el joven político español que manejaba el automóvil en que viajaban Oswaldo Payá, Harold Cepero y el dirigente de la juventud sueca Jens Aron Modig, el 22 de julio de 2012 cerca de la ciudad oriental de Bayamo en Cuba.

Ángel Carromero le ha informado a Rosa María Payá que desde que salieron de La Habana eran seguidos muy de cerca por lo menos por un automóvil Lada color rojo.  Que otro automóvil los golpeó premeditadamente por detrás, pero que por ese golpe no murieron ni su padre ni Harold Cepero. Que los ocupantes del Lada Rojo estaban allí antes que llegara ningún funcionario y, que él y Aron Modig fueron retirados del lugar inmediatamente.  

En un twit enviado por Aron Modig al exterior desde el lugar de los hechos dice que: Ángel le acaba de informar que han sido golpeados por otro automóvil, pide “socorro” y dice que están rodeados de militares.

La dictadura castrista alegó que el exceso de velocidad en que conducía Carromero fue la causa del accidente en el que murieron Payá y Cepero.  Carromero, acusado por "homicidio imprudente” en un extraño juicio fue condenado a cuatro años de prisión.   El gobierno español consiguió  que cumpliera  la condena en España.

A la familia Paya no se les permitió ni conversar con Carromero ni asistir a su juicio, aunque lo intentaron. La familia se enteró que Oswaldo Payá no fue asistido medicamente y que lo llevaron a un hospital cuando ya estaba muerto. Siempre pidieron una investigación imparcial.  

Ya Oswaldo Payá había sido víctima de otra embestida por un automóvil de la que milagrosamente se salvó.  También había sido objeto de amenazas de muerte por los represores del régimen.  Su liderazgo y respaldo internacional eran demasiada molestia para el régimen.

La familia Payá no tenía forma de presentar pruebas del crimen cometido contra Oswaldo Payá y Harold Cepero.  En un sistema  represivo ¿Quién se las iba a dar?  

Ante los atropellos, torturas y asesinatos que cometen las dictaduras, son éstas y sus secuaces  y no las víctimas o sus familiares  las que están obligadas a esclarecer  los hechos ante el tribunal de la opinión pública nacional e internacional.  

Si las dictaduras fueran  inocentes de sus barbaries hasta que se pruebe lo contrario, habría que haber descartado en su momento como improbadas, las denuncias de los asesinatos masivos que cometieron Hitler, Stalin y Mao en sus reinos de terror.  También descartar los crímenes de Assad en Siria hasta que no se presenten las pruebas de que cada cañonazo, bomba cohete o tortura y asesinato contra la población civil fue responsabilidad de sus militares y milicianos.  

En los regímenes totalitarios la carga de la prueba no está en las víctimas ni en sus familiares.  Es fundamento ideológico y practica de  estos sistemas tratar a los contrarios políticos como enemigos y destruirlos  moral y físicamente.

Para denunciar sus sospechas sobre la muerte de Oswaldo Payá sus familiares nunca tuvieron  que presentar más pruebas que las dudas que expusieron públicamente.  La evidencia era abrumadora.

Si el gobierno castrista era inocente, debió haber permitido que los dos sobrevivientes,  Carromero y  Aron Modig, pudieran entrevistarse lo antes posible con la familia de Oswaldo Payá como esta pidió reiteradamente.  El régimen nunca lo permitió.

Ante la presencia de dos extranjeros hubiera sido muy fácil pedirle a España y a Suecia que enviaran a Cuba una comisión de investigadores a corroborar los hechos.  ¿Por qué no lo hicieron?

Las muertes de Oswaldo Paya y Harold Cepero deben ser investigadas por la comunidad internacional.   Es lo menos que merecen dos insignes patriotas que consagraron su vida al bien común y a la defensa de los derechos humanos.

A todos los cubanos y a los hombres y mujeres en el mundo que respaldan el ideal de una Cuba democrática nos corresponde la denuncia de asesinatos que no pueden quedar impunes.  José Martí advirtió que “ver cometer un crimen en calma es cometerlo”.  

Patria, Pueblo y Libertad

Huber Matos B.
Secretario General de Cuba Independiente y Democrática (CID)