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Casablanca: a 70 años de su estreno en el Ático de Pepe

El miércoles 21 de marzo del 2012, excepcionalmente sólo ese día, en tres tandas en selectas cines de los Estados Unidos, se exhibió otra vez después de muchos años de ausencia de la gran pantalla, “Casablanca”.
Para la mayoría de los baby-boomers, que nunca vieron el filme en la sala oscura sino en la televisión, o en casa luego de inventado el videotape y más recientemente el DVD, se trató de un evento emocionante porque la película, aunque generacionalmente distante no nos resulta ajena pues nuestros padres nos la mostraron como referencia de culto.
Pepe Forte asistió al “estreno”, para comprobar con sorpresa que "Casablanca", aunque por razones obvias ha envejecido en cuanto a lenguaje cinematográfico, en esencia no. Un melodrama cuando se pone viejo, sus escenas antes conmovedoras se tornan cursis y mueven a risa; la noche del 21 de marzo de este año, a nuestro alrededor se escuchaban los sniff... sniff... nasales de quien lagrimea a oscuras, y de seguro no era nadie que vio la película en su estreno.
La premiere de Casablanca se realizó el 26 de noviembre de 1942. Luego se estreno para el público general el 23 de enero de 1943. Desde el primer momento resultó un éxito y, con sus 102 minutos de duración, no ha hecho otra cosa que crecer con los años y es hoy una de las película en el Top 5 de las 100 cintas más importantes e influyentes de la cinematografía hollywoodense. “Casablanca”, sin duda, luego de 70 años —y desde mucho antes también— es un clásico del cine. Con un presupuesto original de menos de 1 millón de dólares —$964,000 exactamente— generó más tarde toneladas de dinero… del cual recibieron sólo una porción los autores del argumento. "Casablanca" nunca fue una novela llevada al cine, sino un guión de teatro para Broadway, escrito por el matrimonio norteamericano de Murray Burnett y Joan Alison. El diluir en agua el cariz más abrasivo de los personajes se debió en parte a la intervención del llamado Código Hays imperante en Hollywood, una regulación ética y moralista que censuraba no sólo lenguaje profano, sino conductas o menciones a las cosas, situaciones o menesteres a los que por entonces no se les permitía figurar en los medios públicos (el patrón luego se desbordó a la tele cuando ésta fue fundada). Por eso es que el personaje más edulcorado resultó el de Ilsa, al que se le bajó mucho el tono sexual (en el documento original se le describe como la típica bitch).
Cuando el matrimonio tuvo listo el guión intentó vendérselo a Broadway, pero el telón, hermético, cayó frente a ellos. Fue entonces que le tocaron la puerta a Hollywood y se lo vendieron a Warner Brothers… por $20,000 dólares. Un montón de plata entonces —optimistamente unos $150 mil según los estándares del 2012—, pero sin duda una cifra pálida para lo que la cinta más tarde generó. Y lo peor, el anonimato... Aunque en los créditos de la película se reconoce como los autores originales a Burnett y Alison, con el éxito posterior de la película la compañía minimizó su papel y la industria también los soslayó, porque finalmente los que se llevaron el Oscar al Mejor Guión en la ceremonia de 1943 fueron los hermanos Epstein, que afinaron la historia original. Resulta que una vez adquiridos los derechos de la idea de Burnett y Alison, Warner la entregó a los guionistas Julius y Philip Epstein, quienes desfiguraron sobre todo a los personajes originales de Ilsa y Rick.
Ninguno de los dos caracteres era precisamente un dechado de virtudes. Rick, aunque hombre de mundo, una criatura nocturnal como se ve en la cinta, carecía en el script inicial de los modales refinados del pragmático caballero descorazonado que a menudo rozaba el cinismo y que tan bien encarnó Humphrey Bogart en “Casablanca”. Y la noruega Ilsa Lund, infiel sin saberlo pero una dama aun después de recaer en su pasión clandestina al reencontrarse con Rick, protagonizada por la etérea Ingrid Bergman, poco tenía que ver el personaje primario de Lois Meredith, una americana de cascos livianos.
Se escogió la fecha del 26 de noviembre de 1942 para la premiere para levantar el ánimo de la ciudadanía en la coincidente invasión de las tropas norteamericana en el Norte de África, lo que posibilitó la recaptura de Casablanca. “Casablanca” fue un suceso instantáneo. En las primeras 10 semanas recaudó $255 mil dólares y totalizó $3.7 millones durante su estreno, convirtiéndose así en la séptima película más taquillera de 1943. Aunque los guionistas anduvieron con pies de plomo para no convertir a la cinta en una política en momentos como los de su estreno, sin embargo alguna prensa norteamericana la vio veladamente panfletaria, contra el llamado “eje”. Pero el público, de generación en generación no ha hecho otra cosa que abrazarse a la cinta… en tanto que, en la otra esquina, grandes personalidades del mundo intelectual, como el escritor Umberto Eco, autor de “El Nombre de la Rosa”, dijo que “Casablanca”, juzgada por los más estrictos estándares cinematográficos, es una película mediocre. Acaso lleve razón, pero pesa más que ese juicio una lágrima furtiva en la oscuridad de un cine, conmovidos por su narración.
Sin embargo, uno de los elementos originales del guión teatral respetado en el filme fue la canción As Time Goes By, que era la pieza preferida de Burnett cuando él estaba en la universidad. La canción fue escita originalmente por Herman Hupfeld en 1931, y en “Casablanca” la toca Sam, responsabilidad del actor Dooley Wilson.
Al ver que WB estaba haciendo una fortuna a partir de su idea, Burnett demandó a la fílmica por $6.5 millones. Intento infructuoso. Las cortes siempre citaron que tanto él como su esposa vendieron los derechos de la historia y que al hacerlo perdieron todo poder sobre ella. Finalmente, fueron compensados con $100 mil dólares en los años 80 y el derecho a presentarla en teatro, bajo el nombre original de “Everybody Comes to Rick’s”, no como “Casablanca” (los hermanos Epsteins fueron los de la idea de cambiarle el título al que hoy todos conocemos). Y eso fue lo que pasó en 1991, cuando la obra estuvo ese año en cartelera en un teatro de Londres.
Alison murió en 1992 y Burnett en 1997. “Casablanca” contó con un elenco de lujo: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, y Paul Henreid en el papel de patriota checo, el idealista Víctor Laszlo. Pero también actúan otros grandes como Peter Lorre y Claude Reins.
El tiempo histórico la película es alrededor del ataque a Pearl Harbor, porque Rick hace una referencia a que están en diciembre de 1941. Pero como todo un auténtico fruto de Hollywood, la película está repleta de imprecisiones históricas. Al cierre de la producción, se habían tragado el presupuesto original, para un sobregiro de $75 mil dólares. A diferencia de otras películas, “Casablanca” se filmó en orden, es decir en la misma línea de desarrollo de la trama, no a pedazos como tan a menudo sucede. Esto se debió a que cuando comenzaron a trabajar en ella más de la mitad del guión estaba listo, pero no el final. Es por eso que años después en una entrevista la Bergman dijo que creía que la película no se basó en un screenplay porque nadie sabía cuándo ni cómo terminaría.
Se manejaron varios finales, pero, afortunadamente decidieron dejar el cierre romántico que todavía hoy nos cautiva. La cinta tuvo sus retos. Ingrid Bergman, una sueca de belleza espectacular y que por entonces tenía unos 27 años, era dos pulgadas más alta que Humphrey Bogart (entonces de 43), y esa diferencia de estatura no la resolvía ni el sombrero Fedora de Rick, de modo que Bogart se paraba sobre un bloque de madera siempre que estaba cerca de ella y, cuando se sentaba, lo hacía sobre cojines. Y en el acto final de la despedida, ante la imposibilidad de traer el avión Lockheed Electra 12 al estudio en que Ilsa y Víctor escapan, se hizo un maqueta más pequeña, de cartón, y para dar la sensación de lejanía, los empleados en torno a la aeronave, los protagonizaron enanos.
En una época en que las segundas partes de las películas no eran una costumbre se coqueteó con la idea de una secuela en la que Ilsa y Rick se reencuentran en Estados Unidos después de la guerra. La película, en general, es oscura, lo que en el lenguaje cinematográfico se conoce como film noir, y a veces tiene unos toques de iluminación que recuerdan las cintas del período el expresionismo alemán. Cuando este año se proyectó en cine la copia digitalmente restaurada, se respetó ese ambiente. El aspect ratio de esta versión fue el mismo del celuloide de 1942, de manera que quienes la vimos en la primavera de este año, nos enfrentamos a un documento visual idéntico al original. En 1984 “Casablanca” fue colorizada, y se trata de una propuesta interesante, pero la preferida es la original en blanco y negro. Curtiz, el director —murió en 1962—, dirigió más películas como Las Aventuras de Robin Hood, El Capitán Blood y otras de gánsteres y aventuras bajo cuya batuta actuaron figuras como el propio Bogart, Errol Flynn y James Cagney, pero con ninguna llegó tan lejos como con “Casablanca” aunque pocos recuerden hoy el nombre de él. Sin embargo, Max Steiner, el autor de la banda sonora sí compuso música para otras películas más memorables que el resto de las digidas por Curtiz: Jezabel la Tempestuosa; A Summer Place; El Tesoro de la Sierra Madre; King Kong (la versión original de 1933) y, la más grande de todas, Gone with The Wind (Lo que el Viento se Llevó).
“Casablanca” también es trascendente en la medida que las películas generan frases famosas. Posiblemente en este acápite la palma se la lleve The Godfather, pero “Casablanca” es el asiento de muchas de éstas, memorables… ¡incluso de las que no existen! Ilsa nunca dijo play it again Sam, como todo el mundo asegura, sino que realmente dijo, “tócala, Sam, por los viejos tiempos… toca As Time Goes By”. "...con tantas tabernas que hay en el mundo, tuvo que venir a la mía". El resto sí son ciertas, como cuando Rick exclama frente al trago, a solas, “con tantas tabernas que hay en el mundo tuvo que venir a la mía”; más adelante le pregunta a Sam, “si es diciembre de 1941 en Casablanca, ¿qué hora es en New York”, y en la despedida, el inolvidable diálogo entre Ilsa y él de, Lookin’ at you, kid…What about us? We’ll always have Paris. Finalmente, la última de la película, “Luis, creo que esto va a ser el comienzo de una bella amistad”. Lo que en realidad comenzó a ser una gran verdad una vez escuchada esa frase en la primera proyección de la película antes que a los ojos del espectador cayeran las blancas letras de The End en cursivas, hoy hace 70 años, mientras la cámara se elevaba y retraía, es que Casablanca no se ha desteñido con el paso del tiempo y que sigue conquistando nuevos seguidores a lo largo de 7 décadas.
Y no creemos que esto tenga FIN.  Fotos y texto de Pepe Forte

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