Conocida monja se pronuncia en Miami contra la pena de muerte

Helen Prejean

Helen Prejean

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MIAMI, Florida - La monja católica Helen Prejean, reconocida a nivel internacional por su lucha contra la pena de muerte, abogó por la suspensión de la pena capital en Estados Unidos arguyendo que ese mecanismo se presta a cometer injusticias.

La autora del libro "Dead Man Walking", cuya adaptación al cine protagonizaron Susan Sarandon y Sean Penn, dijo a Efe que la mayoría de las personas que están en el corredor de la muerte son pobres y denunció que en muchas ocasiones el racismo influye a la hora de decidir si alguien debe morir por haber cometido un delito grave.

"Mi posición con respecto a la pena capital es que la gente en nuestro Gobierno nunca debió haberla asumido", aseveró la religiosa de Nueva Orleans, quien rechazó el hecho de que "nosotros nos hayamos convertido en los jueces y en los que deciden quién debe vivir y quién debe morir".

Un día después de que en Florida se ejecutara a un reo que llevaba tres décadas en el corredor de la muerte, Prejean dictó una conferencia en el Miami Dade College (MDC), organizada por el comité de Derechos Humanos del Campus Norte de ese centro universitario y Genesis Fund, en colaboración con la organización Solidaridad Internacional para los Derechos Humanos (ISHR, por su sigla en inglés).

En una entrevista previa con Efe consideró que se están cometiendo "muchos errores" y que más del 98 por ciento de quienes se encuentran en el corredor de la muerte son personas pobres.

Esa condición, apuntó, incide en la defensa que reciben y por lo general se trata de un abogado designado por el tribunal "que suele estar sobrecargado de trabajo y mal pagado, así que la verdad suele no surgir durante el juicio porque el acusado no cuenta con una debida defensa".

"Tenemos más de 139 personas que fueron sentenciadas injustamente que han salido del corredor de la muerte y eso son sólo los casos en los que los errores pudieron ser detectados por voluntarios universitarios, a través del Innocence Project", precisó.

Innocence Project es una organización que fue creada por los abogados Barry C. Scheck y Peter J. Neufeld en 1992, para prestar ayuda en aquellos casos en los que pruebas de ADN obtenidas después de la condena pueden determinar la inocencia del reo.

Entre las lecciones que la religiosa dice haber aprendido trabajando con prisioneros condenados a muerte, destacó que ha logrado entender la "retórica" que existe en torno a las condenas a la pena capital.

Explicó que la retórica consiste en que supuestamente esa sentencia es reservada para "lo peor de lo peor", pero el sistema judicial "está dañado y no está funcionando" porque aplicar esa condena está a la discreción de los fiscales.

Además, ocho de cada diez personas que han sido calificadas como "lo peor de lo peor" están relacionadas con casos en que algún blanco ha sido asesinado, indicó.

Mientras que cuando los afroamericanos son asesinados, que según Prejean son más del 50 por ciento de los homicidios, la pena de muerte como castigo se plantea "muy pocas veces".

En su opinión, no hay el mismo grado de "indignación" en la ciudadanía estadounidense con la muerte de afroamericanos "debido al al racismo que existe en el país y a la desconexión que todavía hay entre las personas de diferentes razas".

La decisión de pedir esa sentencia, añadió, depende de la "discreción de ciertos individuos y del juego político, y la raza del individuo es uno de los factores determinantes sobre si la pena de muerte es considerada".

Prejean también dijo que en Estados Unidos muchos extranjeros se encuentran en el corredor de la muerte, en su mayoría mexicanos, y que en numerosas ocasiones no se ha respetado su derecho a contactar al consulado de su país cuando son arrestados.

La escritora dijo a Efe que una de las "más valiosas" lecciones que ha aprendido con independencia de lo horrible que haya sido el crimen cometido por un ser humano, es que "todo el mundo es mucho más valioso que el terrible acto que cometió".

"No puedes tomar la fotografía del peor momento de una persona, mostrarla y decir que el valor de la persona quedó reducido a ese momento y que por eso debemos matarla. Provocar la muerte de una persona es una medida definitiva y un acto desesperado", expreso.

Afirmó que ha aprendido que los seres humanos pueden crecer, cambiar y sentir remordimiento y que "matarlos significa arrebatarles esa posibilidad de cambiar".

En ese contexto, relató que en una ocasión un guardia de prisión le comentó que uno de los reos en el corredor de la muerte había cambiado mucho y le dijo: "Hermana, este hombre no es el mismo joven animal despiadado que llegó. Ha cambiado, pero de todas maneras tenemos ahora que matarlo".