Maximiliano I, último emperador de México, pervive como un "villano querido"

Maximiliano I

Pintura por Cesare-Dell’Acqua: la delegación mexicana nombra a Ferdinando Maximiliano de Austria como Emperador de Mexico (1864)

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MEXICO DF - El último emperador que tuvo México, Maximiliano I, que murió fusilado a los 34 años, es un personaje fascinante para los mexicanos que pertenece al bando "de los villanos, pero de los queridos", explicó el escritor Héctor Zagal Arreguín.

En su obra "Imperio. La novela de Maximiliano" (Planeta, 2012), que acaba de publicar, Zagal da voz a un hombre educado para gobernar pero que fue víctima de las luchas de poder entre Francia y Estados Unidos y fusilado en el cerro de las Campanas de Querétaro el 19 de junio de 1867.

El libro relata los últimos días del cautiverio de Maximiliano I, quien había llegado a México convertido en emperador el 28 de mayo de 1864, antes de ser ajusticiado después de ser abandonado por Napoleón III a su suerte y capturado por las tropas de Benito Juárez.

Este doctor en Filosofía presenta a Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena (Viena, 1832-Querétaro, 1867) más como un "títere" en manos de Napoleón III, que reinaba en Francia y le traicionó, que como una "víctima" del momento histórico que vivió, un convulso siglo XIX.

Napoleón "le ofrece 'las perlas de la Virgen'" a través de los Tratados de Miramar, que incluían ayuda económica y presencia militar para afianzarse, "porque tiene mucho interés en tenerlo en México", pero sus conflictos con el decadente Imperio Alemán le obligan a replegar a sus soldados.

El imperio mexicano había empezado bien, con "cierta simpatía" de sus súbditos porque Maximiliano "se gana a los pueblos indígenas" al reconocerles derechos frente a la propuesta de los liberales, que pretendían "modernizar México" con el "desmantelamiento de la propiedad comunal y la hispanización".

Del lado de Maximiliano estuvo, además, la gente que "lo que quería era paz" en un siglo XIX terrible, en el que hubo más de una veintena de presidentes y continuos conflictos bélicos.

También pesó que "era un liberal": "Lo primero que hace es decir 'estoy de acuerdo con las Leyes de Reforma'", cuyo fin era separar la Iglesia del Estado. "Entonces es un hombre que termina teniendo cierto apoyo", recuerda Zagal.

Sin embargo, su suerte se torció en buena medida por su dependencia de Francia y debido a que no recibió un apoyo firme del Reino Unido ni de España.

Entre los defectos de Maximiliano, Zagal señala que "era un hombre poco astuto", mucho menos que su mujer, Carlota (1840-1927), hija del rey Leopoldo I de Bélgica.

El escritor señala que no fue la única figura de su tiempo en manos de intereses de otros países. "A su manera, (Benito) Juárez (1806-1872) es también un representante de los intereses norteamericanos (de EE.UU.)", agrega.

En los últimos días de Maximiliano, los que centran la novela con reflexiones, sensaciones y un balance a una vida que está a punto de extinguirse, "parece que Juárez está dudando" sobre si fusilarle o no "dependiendo de la señal que reciba de EE.UU.".

Al final, Washington trata de frenar su muerte, pero esta se produce por no llegar la orden a tiempo por vía diplomática.

Aquel desenlace histórico fue probablemente "lo legal" y, "desde el punto de vista político, importante porque era reafirmar el poder" en un México que en pocos años pasó a ser gobernado por el dictador Porfirio Díaz.

Zagal, autor de "La cena del bicentenario" y "Gente como uno", considera que esta obra admite también una lectura metafórica que tiene una enorme actualidad.

"El imperio lo que demuestra es que la gente deja de creer en la democracia y se aspira a un gobierno de 'mano dura', fuerte, alguien que venga a poner orden porque la democracia no es lo nuestro", algo que se ha sentido incluso en el siglo XX, apunta.

"Tras la Revolución (1910-1917) vuelve a haber una forma muy refinada, muy sofisticada, de dictadura", en referencia al ascenso al poder del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que perduró en él siete décadas consecutivas y el 1 de diciembre regresará a la Presidencia de la mano de Enrique Peña Nieto.