Benedicto XVI: Las aguas estuvieron muy agitadas... el Señor parecía dormir...

Papa Benedicto XVI

Benedicto XVI se marcha tras haber marcado las líneas de renovación y purificación de la Iglesia, en un pontificado de casi ocho años que ha estado marcado por los casos de clérigos pederastas y el escándalo Vatileaks.

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CIUDAD DEL VATICANO - "El Señor nos ha dado muchos días de sol y ligera brisa, días en los que la pesca fue abundante, pero también momentos en los que las aguas estuvieron muy agitadas y el viento contrario, como en toda la historia de la Iglesia y el Señor parecía dormir"..

Benedicto XVI escogió palabras sencillas para decir adiós en su última audiencia de los miércoles -la número 348, frente a la repleta Plaza de San Pedro.

“Sentía que mis fuerzas disminuían y le pedí a Dios que me ayudara”.

"Mi decisión de renunciar al ministerio petrino no revoca la decisión que tomé el 19 de abril de 2005 [su llegada al papado]. No regreso a la vida privada, a una vida de viajes, encuentros, conferencias. No abandono la Cruz, sigo al lado del Señor crucificado, pero de una nueva manera…"

"Siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino Suya y no la dejará hundirse. Es Él quien la conduce, por supuesto, a través de los hombres que ha elegido. Esta es una certeza que nada puede ofuscar . Y es por ello que mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios, porque no le falta a toda la Iglesia, ni a mí, su consuelo, su luz y su amor."

"Nunca me sentí abandonado por Dios. Me ha guiado, ha estado cerca, cada día he sentido su presencia".

"Un Papa no está sólo en la barca de Pedro, aun si es su primera responsabilidad y por esto quiero dar las gracias a todos los que me han acompañado. Nunca me he sentido sólo para cargar las alegrías y el peso del ministerio petrino".

"He dado este paso consciente de la gravedad y de su novedad, pero con una profunda serenidad.  Amar a la Iglesia significa también tomar decisiones difíciles, sufridas, teniendo siempre en cuenta el bien de la Iglesia y no el personal".

"Hoy vemos cómo la Iglesia está viva, en un momento en que muchos hablan de su declive".

"No regreso a la vida privada, a una vida de viajes, encuentros, recepciones, conferencias, etc. No abandono la cruz, sino que permanezco de una manera nueva ante Cristo Crucificado".

“En los últimos meses, he sentido que mis fuerzas habían disminuido y he pedido a Dios con insistencia, en la oración, que me iluminara para hacerme tomar la decisión más justa, no por mi bien, sino por el bien de la Iglesia. He dado este paso con la plena conciencia de su gravedad, y también de su novedad, pero con una profunda serenidad de ánimo”.